Guía Técnica de Reemplazo de Calzado Táctico: Cumplimiento de la NOM-113-STPS-2009 y Gestión de Riesgos Operativos

Guía Técnica de Reemplazo de Calzado Táctico: Cumplimiento de la NOM-113-STPS-2009 y Gestión de Riesgos Operativos
Guía Técnica para Protección y Cumplimiento Normativo

1. Introducción y Objetivo de la Norma: El Calzado Táctico como Barrera de Seguridad

En el ámbito de la seguridad privada, la protección civil y las operaciones tácticas en México, el calzado no es simplemente un componente del uniforme; es una pieza crítica de Equipo de Protección Personal (EPP). Como Jefe de Seguridad, es imperativo comprender que la gestión del calzado táctico está regida primordialmente por la NOM-113-STPS-2009, “Seguridad-Equipo de protección personal-Calzado de protección-Clasificación, especificaciones y métodos de prueba”, en conjunto con la NOM-017-STPS-2008, que establece las obligaciones del patrón para la selección, uso y manejo del EPP.

El objetivo de estas normas es garantizar que el trabajador esté protegido contra los riesgos específicos de su entorno laboral, ya sean impactos, compresiones, perforaciones o riesgos eléctricos. En el contexto táctico, donde el personal enfrenta largas jornadas de bipedestación, terrenos irregulares y posibles confrontaciones físicas, la integridad estructural de la bota determina no solo la seguridad física del elemento, sino también su eficiencia operativa y la reducción de costos por incapacidades relacionadas con fatiga crónica o lesiones osteomusculares.

Este artículo técnico tiene como propósito dotar al mando operativo de los criterios científicos y normativos para identificar cuándo una bota táctica ha superado su vida útil y debe ser reemplazada para evitar incumplimientos legales y riesgos a la integridad del personal.

2. Puntos Clave y Especificaciones Técnicas: ¿Cuándo la bota deja de ser segura?

El reemplazo de las botas tácticas no debe basarse únicamente en la estética, sino en la degradación de sus propiedades mecánicas y físicas. A continuación, desglosamos las señales técnicas de alerta según los estándares de ingeniería de seguridad:

  • Degradación de la Suela y Pérdida de Coeficiente de Fricción: La suela es el componente que garantiza la estabilidad. Según la NOM-113-STPS, el calzado debe mantener propiedades antiderrapantes. Si el dibujo o grabado de la suela (el “track”) se ha reducido a menos de 1.5 mm de profundidad, la bota pierde su capacidad de evacuación de fluidos, aumentando exponencialmente el riesgo de caídas al mismo nivel en superficies húmedas o aceitosas.
  • Hidrólisis y Cristalización del Poliuretano (PU): Muchas botas tácticas utilizan entresuelas de PU para absorción de impactos. Con el tiempo y la humedad, el PU sufre un proceso químico llamado hidrólisis, donde el material se desmorona. Si observa grietas transversales en la entresuela o un endurecimiento excesivo del material, la capacidad de amortiguación ha desaparecido, trasladando el impacto directamente a las articulaciones (tobillos, rodillas y zona lumbar) del usuario.
  • Compromiso de la Puntera de Protección (Tipo II, III o IV): Si la bota cuenta con casquillo (ya sea de acero, aluminio o composite), cualquier impacto severo previo es motivo de reemplazo inmediato. La normativa técnica indica que una puntera que ha sufrido una deformación plástica o que se ha desplazado de su alojamiento original ya no garantiza la resistencia de 101.7 J de energía de impacto requerida.
  • Fatiga de Material en el Corte (Chasis de la bota): El “corte” o parte superior (cuero o cordura) proporciona soporte lateral. Si el material presenta grietas profundas que exponen el pie al medio ambiente, o si el contrafuerte (el refuerzo del talón) se ha colapsado, la bota ya no ofrece estabilidad biomecánica, lo que predispone al elemento a sufrir esguinces durante persecuciones o maniobras tácticas.
  • Pérdida de Propiedades Dieléctricas (Tipo de Calzado E): Para personal que opera cerca de instalaciones eléctricas, la NOM-113 especifica que el calzado tipo E no debe presentar perforaciones ni desgaste que exponga componentes metálicos. Una bota con la suela perforada por un clavo o con desgaste excesivo pierde su capacidad de aislar al trabajador contra choques eléctricos.

3. Requerimientos de Equipamiento y EPP: La Relación entre Ergonomía y Productividad

La NOM-017-STPS-2008 obliga al patrón a realizar un análisis de riesgos por puesto de trabajo. En el caso de los Jefes de Seguridad, este análisis debe contemplar que el calzado táctico es la base de todo el EPP. Un elemento con botas desgastadas experimentará fatiga prematura, lo que disminuye su nivel de alerta y capacidad de respuesta ante una emergencia de Protección Civil o un evento de seguridad pública.

La importancia de la Ergonomía (NOM-036-1-STPS-2018): Aunque la bota parezca “entera” por fuera, el colapso de la plantilla interna y el soporte del arco provocan trastornos musculoesqueléticos. Un calzado táctico de calidad debe distribuir el peso del cuerpo de manera uniforme. Cuando un elemento reporta dolor persistente en la fascia plantar o en la región lumbar al terminar el turno, es una señal técnica de que el calzado ha perdido su capacidad de soporte y debe ser evaluado para reemplazo.

Es vital que el EPP seleccionado cuente con la contraseña oficial de cumplimiento con la norma mexicana (NOM). Al adquirir calzado, el Jefe de Seguridad debe exigir el certificado de laboratorio que avale que ese lote específico pasó las pruebas de resistencia a la flexión, resistencia a la abrasión y absorción de energía en el talón. El uso de equipo no certificado, o mantener equipo caduco en operación, es equivalente a no proporcionar equipo en absoluto ante los ojos de un auditor de la STPS.

4. Sanciones por Incumplimiento: El Riesgo Jurídico y Financiero

El incumplimiento en la dotación o el mantenimiento del EPP adecuado no es un tema menor en la legislación mexicana. Las consecuencias se dividen en tres vertientes principales:

  • Sanciones Administrativas (STPS): De acuerdo con la Ley Federal del Trabajo (LFT), las multas por no proporcionar el EPP adecuado o por tener personal operando con equipo degradado pueden oscilar entre las 50 y las 5,000 Unidades de Medida y Actualización (UMA) por cada trabajador afectado. En una empresa con un estado de fuerza considerable, esto puede representar millones de pesos en multas.
  • Responsabilidad Civil y Capitales Constitutivos (IMSS): Si un elemento sufre un accidente de trabajo (por ejemplo, un resbalón debido a suelas lisas o una fractura por puntera vencida) y se demuestra que el calzado estaba en malas condiciones, el IMSS puede fincar “Capitales Constitutivos” a la empresa. Esto significa que la empresa deberá pagar la totalidad de los gastos médicos, de rehabilitación y pensiones del trabajador, independientemente de que esté asegurado.
  • Responsabilidad Penal en Protección Civil: En caso de un siniestro donde el personal de respuesta no pudo actuar eficazmente debido a fallas en su equipamiento, las autoridades de SEGOB y Protección Civil pueden revocar los registros operativos de la empresa de seguridad, argumentando negligencia en la gestión de la seguridad y salud en el trabajo.

Como experto, le recuerdo que la inspección visual periódica es una obligación legal plasmada en la NOM-017. No esperar a que el trabajador solicite el cambio, sino implementar un programa de revisión trimestral del estado del calzado, es la mejor defensa jurídica y operativa para cualquier organización.

5. Conclusión: Hacia una Cultura de Prevención Activa

El reemplazo de las botas tácticas no debe ser visto como un gasto operativo, sino como una inversión en la continuidad del negocio y en la seguridad de los activos más valiosos de la empresa: su personal. Una bota táctica en óptimas condiciones garantiza que el elemento de seguridad esté listo para responder en los segundos críticos donde la tracción, la estabilidad y la protección física marcan la diferencia entre un incidente controlado y una tragedia laboral.

Para un Jefe de Seguridad, mantener la vigencia del calzado bajo los parámetros de la NOM-113-STPS-2009 es una señal de profesionalismo técnico y cumplimiento normativo. Se recomienda establecer un ciclo de vida máximo para el calzado basado en el tipo de terreno y las horas de uso (típicamente entre 8 a 12 meses para uso intensivo), y nunca ignorar señales como el desgaste irregular de la suela, la pérdida de amortiguación o la exposición de capas internas del material.

La seguridad comienza desde los pies. Garantizar un calzado técnico de alta calidad y en estado íntegro es el primer paso para una operación táctica exitosa y legalmente blindada.