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León, la capital del calzado y zapato industrial

León, Guanajuato es considerada la capital del calzado mexicano y una de las principales urbes zapateras a nivel mundial. La historia de la industria del zapato en esta ciudad abarca casi cuatro siglos e involucra a decenas de fabricantes, incluyendo grandes empresas y artesanos que laboran desde su hogar.

En 1645 se realizó el primer registro relacionado con la industria del zapato. Ese año se documentó la existencia de un artesano zapatero local y de un taller de zapatos perteneciente a un regidor local.

Siete décadas después se realizó el primer censo de León, en el cual se documentó la existencia de 36 asentamientos donde se elaboraban zapatos. Este número es notable, ya que el total de la población ascendía a poco menos de tres mil personas.

El primer gremio relacionado con el calzado fue fundado en 1765, y pertenecía a la industria de tejedores y curtidores. Fue hasta 1809 cuando los zapateros contaron con su propio gremio, lo que denota el crecimiento sostenido de las empresas de calzado. Durante este período León también era conocido como un clúster textil, siendo los rebozos el principal artículo producido. Sin embargo, gradualmente el número de empresas textiles disminuyó en tanto que los talleres zapateros se fueron incrementando.

Con la revolución industrial surgieron fábricas de calzado modernas lo que ayudó a formar un núcleo productivo que involucraba a cientos de maestros zapateros. Una de las empresas fundadas en esa época fue “La Nueva Industria” la cual fabricó pares de zapatos con calidad de exportación.

A principios del siglo XX existían en León 1287 talleres de zapatería, y había un sólido flujo de exportación. La mayoría de las materias primas eran elaboradas localmente, incluyendo clavos, tachuelas, cuchillas, hormas, cajas y charol.

La consolidación de León como capital de calzado se alcanzó para 1920,  y la demanda era suficiente como para tener fábricas que laboraban hasta tres turnos de trabajo diarios. En 1926 se inauguró la Unión de Fabricantes de Calzado, el cual tenía como objetivo la defensa de los intereses de los zapateros y el progreso de la industria local.

Para 1933, de acuerdo con Gilberto Jiménez, el valor de la producción zapatera ascendía a 20 millones de pesos e involucraba al 35% de la población laboralmente activa. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, la demanda de zapatos leoneses se incrementó gracias a las exportaciones que tenían como destino los Estados Unidos.

La apertura del comercio zapatero durante las últimas décadas del siglo XX atestó un duro golpe a la industria zapatera. Devaluaciones económicas, fuga de capitales extranjeros y la entrada de fabricantes chinos obligaron a muchos talleres a cerrar sus puertas.

Sin embargo, gracias a sus altos estándares de calidad el calzado leonense ha sobrevivido a las crisis económicas de los últimos años. Esto poco a poco ha cambiado el enfoque exportador de la industria hacia uno de sofisticación e incluso de alta tecnología, manteniendo a flote a esta importante capital del zapato a nivel mundial.Final del formulario

 

 

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